Salimos tipo 8 am para seguir con nuestro viaje, esta vez rumbo a Fez y al norte de Marruecos, capital religiosa y cultural del país y del norte de África. Para llegar a Fez desde el desierto del Sahara nuestro viaje fue bordeando las montañas Atlas, así que el paisaje en el camino fue muy bello, una mezcla maravillosa entre bosque y desierto. Fueron como 6 horas de viaje.

Las carreteras en Marruecos son muy buenas, así que por ese lado no tuvimos ningún problema, bueno, aparte de una multa por exceso de velocidad en el camino, allá los policías de tránsito se hacen con pistolas de velocidad escondidos en la carretera y 1 km más adelante está el retén, ahí te paran y toma tu multa! Lo único bueno de todo esto fue que la multa se puede pagar inmediatamente al policía y te dan tu recibo (si no la quieres pagar en una oficina en la próxima ciudad a la que llegues), y lo otro es que cuando Diego llegó con cara de “nos multaron, ¿qué hacemos?” solo pregunté “y de cuánto es la multa”, cuando el policía dijo en francés (que no se como entendí) que eran 140 diranes ósea como 14 euros, solo dije…”solo eso! Este país es muy barato hasta para esto”.

Antes de llegar a Fez pasamos por un bosque famoso por sus micos y es que son enormes! Además como es una reserva natural, se debe cruzar a baja velocidad y los micos salen a saludar a los carros y hasta se les suben a veces, yo no lo podía creer, solo me quedé con la ventana del carro cerrada todo el tiempo, para no correr ningún riesgo 😉

 

Fez, islámica y medieval.

Llegamos a Fez al atardecer, nuestro Riad era dentro de las murallas de la medina, así que las atravesamos por una de las majestuosas puertas de ciudad hasta que llegamos a un río de gente que era imposible atravesar y de ahí a un “parqueadero” que parecía un basurero, donde decían las indicaciones que debíamos dejar el carro. En ese momento entramos un poco en pánico, lo confieso, pero todo es parte del paseo; luego llegó el encargado del hotel a “rescatarnos”. Si, para llegar al hotel debíamos bajarnos ahí y caminar, estábamos dentro del complejo peatonal más grande del mundo, que además es lleno de callejones medievales que datan del año 800, donde perderse es lo mas probable.

Gracias a las sim-cards que compramos cuando llegamos a Marrakech, pudimos usar todo el tiempo google maps y waze para llegar sin problema a todas partes, el único sitio dónde se enredaban un poco estos navegadores fue en Fez, porque al ser una ciudad medieval, sus callejones son muyyyyyyyy estrechos (por algunos solo cabe una persona de milagro), pero figuran como calles; de resto todo perfecto. Así que en esta ciudad es necesario un guía si o si!

 

Cuando por fin entramos al hotel todo cambió, como todo allá por fuer puede ser una cosa horrible, pero al entrar son palacios, es parte de su cultura islámica que dice que todo lo bello debe ir por dentro y el exterior no importa. El encargado del hotel nos recomendó no salir a caminar de noche por la ciudad, y si queríamos salir a comer algo lo mejor, era ir a la Fez nueva, construida a principios de 1900 cuando Marruecos era colonia francesa. 10 o 15 minutos en carro y llegamos a la ciudad nueva, fuimos a uno de los sitios que nos recomendaron para comer y para mi sorpresa yo era la única mujer del sitio! En Fez las mujeres no salen en la noche! Para rematar, todas las mesas llenas de hombres, las acomodan con las sillas mirando hacia fuera hacia la calle, no de frente para conversar entre los comensales, así que mi entrada fue triunfal y con todos los ojos encima, por supuesto siempre de la mano de Diego, porque al ser la ciudad con el Islamismo más fuerte de Marruecos, las mujeres valemos muy poco realmente.

Al día siguiente llegó nuestro guía muy temprano en la mañana y salimos a conocer la medina y a recorrer todos sus mercados, callejones y puestos de artesanos. Este día fue el único que realmente me tocó irme lo más tapada posible, pantalones amplios negros y camisa manga larga negra (con 32 grados y sin nada de viento). Ese día conocimos la Madrasa de Bou Inania, una de las joyas arquitectónicas e la ciudad que ha sido escuela islámica para mujeres y a veces funcionaba como mezquita; también las curtimbres de cuero, donde curten la piel como hace 1000 años, con popó de paloma, así que imagínense a lo huele, por eso te dan una varita de canela para que la vayas oliendo durante el recorrido. En medio del recorrido el guía nos llevó a conocer su casa, cuando llegamos su esposa estaba amasando el panes para dejarlos listos y llevarlos a hornear a los hornos comunales que hay dentro de la ciudad, hornos medievales que siguen siendo la opción para los habitantes de la medina de Fez porque en la casa de milagro tienen fogones portátiles de esos de 2 parrillas y con pipeta de gas.

 

Luego de almorzar en un restaurante típico Marroquí, fuimos a conocer las tiendas de tapetes, cada uno de ellos es una artesanía única, los tejen mujeres que han quedado viudas, esa es la opción de trabajo que les da el estado para sostenerse cuando sus esposos ya no pueden hacerlo por ellas. Al final de la tarde fuimos al taller donde hacen todas piezas con mosaicos y eso es brutal! Cada plato, cada fuente para las paredes y demás, son realmente obra maestras. Esa tarde al llegar al hotel decidimos no salir y descansar para el viaje que nos esperaba al día siguiente hacia Rabat, nos quedamos en la azotea del Riad tomándonos una cerveza, cuando de un momento a otro empieza retumbar la ciudad de una manera impresionante; era la hora del ultimo rezo del día, donde todos deben ir a las mezquitas a hacerlo, dentro de las murallas de la medina de Fez hay más de1200 mezquitas y todas con parlantes para que se amplifiquen los rezos, así que calculen! Yo me sentía como en una película.

Rabat, Chefchaouen y Tanger.

Salimos muy temprano de Fez para seguir nuestro camino hacia Rabat, por una súper autopista, fueron un poco más de 2 horas de viaje y llegamos. Al entrar a Rabat realmente te sientes entrando a un reino, banderas a lado u la lado de las vías, ejercito y todo súper organizado. Rabat es una ciudad moderna y más abierta a los extranjeros. Su medina es pequeña pero encantadora, con algunas paredes azules y murallas que dan al mar! Al ser una ciudad costera, la comida de mar está a la orden del día, así que fue perfecta, para descansar un poco de tanto “poulet” y comer un poco de pescado.

Solo estuvimos un día en Rabat y luego salimos para Tanger, ciudad sobre la costa del mediterráneo que sería nuestro punto de partida de nuevo hacia España. En Tanger nos quedamos 3 días, pero uno de ellos nos escapamos a Chefchaouen, un lugar al que también llaman “El pueblo azul”; un lugar precioso en medio de las montañas donde efectivamente todas las casas son azules, como azul Pitufo, así que los zocos con tiendas de especias, frutos secos, tapetes o cualquier otro tipo de productos se veían mucho más pintorescas que en el resto del país.

Desde la costa de Tanger se ve la costa de España, son solo 14 kilometros la distancia que hay para cruzar el estrecho de Gibraltar, esta cercanía con Europa hace que Tanger sea muy europea, con uno que otro toque árabe. Nuestros días en Tanger fueron realmente unos días de descanso, para recargar baterías. Abordamos el ferry y en cuestión de 1 hora estábamos al otro lado pisando las costas de Tarifa, listos para continuar nuestro viaje por el sur de España.

El viaje por Marruecos fue increíble, es un choque cultural que te obliga a abrir la mente; eso sumado a sus paisajes y sus colores, hace que valga toda la pena del mundo. Espero que estos 3 post de mi viaje les hayan gustado y quien quita se hayan antojado de visitar este bello país.

Besos…

 

Tati

@ICONAtatiana

tatiana.moreno.penagos@gmail.com